Derechos Humanos, Sin categoría

El sistemático ataque a las normales rurales como doctrina del shock

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“El primer acto de resistencia es impedir que nos borren la memoria colectiva”

 

 

Estamos por cumplir 3 años de la terrible noche de Iguala.

Mi corazón se duele al recordar; al pensar que el tema ya no es tema.  Al traer a mi mente las palabras de mucha gente que expresaban, sin mayor remordimiento o reflexión, con la contundencia que da el saberse poseedoras/es de la verdad: “qué hacían en Iguala; no son estudiantes si se robaron un camión; seguro andaban metidos en algo; las normales son semillero de guerrilleros; no fue el Estado; la violencia no es generalizada ni sistemática”.

Se lee en las pintas, carteles y consignas de los normalistas que “mientras la pobreza exista, las normales rurales tendrán razón de existir”.  Y el tema no es por una cuestión asistencialista.  Todo lo contrario. Las normales rurales producen en quienes ahí estudian, la conciencia de las estructuras que les manipulan y oprimen, logrando detonar en sus egresados el desarrollo de conocimientos y habilidades encaminados a la resistencia y la transformación social.

Razón por la cual los aparatos del sistema enfocan su fuerza en desaparecer a las normales rurales, por su capacidad de resistir y crear conciencia sobre la marginación y exclusión de que son objeto millones de personas en nuestro País.

En 2005, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, publicó el informe documental Migrar o Morir (https://www.youtube.com/watch?v=WLI5eRZNkmw&t=429s), que relata la dramática situación de los jornaleros agrícolas migrantes.  Por coincidencia, pero evidentemente no es una coincidencia, el documental centra su atención en el caso de los jornaleros que viajan de Ayotzinapa a Sinaloa.  Las condiciones en que vive (sobrevive en realidad) la comunidad de Ayotinapa son de una total exclusión y marginación.  No es de extrañarse que la Normal Rural Isidro Burgos intente proveer a sus estudiantes de herramientas cognitivas y operacionales para transformar la realidad.  Y por lo mismo, no es coincidencia que el sistema neoliberal intente aniquilar a toda costa cualquier intento de modificación del status quo.

El ataque sistemático a las normales rurales, a los pueblos indígenas, a la medicina tradicional, a las parteras, la autodeterminación de los pueblos, son muestra de la implantación de un único modelo de sociedad, de economía y de persona, que no respetan la dignidad de la persona, ni la diversidad, ni son incluyentes.

La forma como en México se busca negar toda realidad que no coincida con el patrón eurocéntrico me hace pensar en la manera en que se realiza lo que Naomi Klein llama la doctrina del shock.

 

Posterior a la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el poder hegemónico, a través de todos sus medios, buscó deslegitimizar la protesta.  Ya fuera por medio de infiltrados en las marchas, o buscando centralizar el problema de los 43 en un asunto focalizado en un grupo criminal.  Como fuera, la construcción de la verdad histórica se traduce en: “ya dejen de quejarse y pónganse a trabajar”…que este sistema no se mantiene solo.

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epistemología, globalización, responsabilidad social, Sin categoría

¿Cómo conocemos? ¿Desde dónde conocemos? ¿Para qué queremos conocer?

 

 

En su encíclica Laudato Si, el Papa Francisco es claro al señalar cómo los efectos del cambio climático impactan de manera mucho más dramática sobre las personas marginadas.

Justamente como está sucediendo hoy con el huracán Harvey.  La atención de las noticias y los medios de comunicación se centra en la ciudad de Houston, donde efectivamente las afectaciones del huracán ascienden a 34,575 personas que se han visto obligadas a dejar sus casas y que ahora viven en 239 instalaciones en el Estado de Texas según informes del Departamento de Seguridad Pública de Texas, y a 47 el número de muertes relacionadas con la tormenta que se han confirmado hasta la fecha.

Mientras que en las mismas semanas, sólo en Bangladesh 8.6 millones de personas han sido afectadas y más de 750,000 casas han sido destruidas o dañadas.  Los cálculos de la ONU y de diferentes organizaciones sitúan el número de personas golpeadas por las inundaciones entre 16 y 41 millones en todo el sudeste asiático.

¿Qué hace de 34,000 personas de Houston motivo de atención mundial cuando en promedio, 34 millones de personas son afectadas por las inundaciones al mismo tiempo?

Esta es sin duda la señal de una estructura que supone negar los más elementales derechos humanos a millares de individuos.  Hoy nuestra sociedad decide invisibilizar a millones de personas.  La decisión que tomamos de no mirar, o qué mirar es la marca más visible de los procesos de exclusión de nuestra época, misma que parece haber perdido su capacidad de asombrarnos.

 

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¿Cómo conocemos? ¿Desde dónde conocemos? ¿Para qué queremos conocer?
Nuestra mirada siempre es selectiva e intencional.  No es casual que decidamos mirar unas afectaciones, mientras otras pasan desapercibidas.  No es casual que nos resulte cotidiano escuchar de atentados, muertos y guerra en Oriente Medio, pero que haciendo el ejercicio al revés (Galeano), nos horroricemos y automáticamente ante tales actos, y busquemos pequeños gestos de solidaridad, poco efectiva, efímera y a veces hasta insípida, pero al menos hay una reacción (París, Barcelona, Bruselas, etc).

 

 

Para Boaventura de Sousa Santos es fundamental que establezcamos una nueva epistemología que nos permita reconocer los procesos de dominación y marginación, y de esta manera poder repensar nuestro modo de ser humanos y de ser sociedad.  Dicha epistemología se descolonializa del norte (no geográfico, sino político, social y económico), y recupera los conocimientos y modos de abordar la realidad desde el sur.

Un conocimiento contextualizado sin pretensiones universalistas, permitiría resolver los problemas de la realidad de manera mucho más humana, fraterna y solidaria.  Vivir de este modo el conocimiento, nos permite acercarnos a la diversidad como celebración de la riqueza de la humanidad.  Lo que necesitamos entonces, en términos epistemológicos, es integrar los distintos saberes, mismos que valen de acuerdo a la pragmática de la vida.  De Sousa Santos llama a esto, ecología de saberes: la integración humana y humanizante del conocimiento.

El actual paradigma eurocéntrico está en crisis; los sistemas políticos, ideológicos, culturales, económicos, religiosos, etc., se encuentran al borde de su posibilidad.  Y conforme se acercan a su fin, quienes se encuentran en mayor situación de vulnerabilidad sufren más las consecuencias.  Por difícil que sea, es necesario reconocer que el capitalismo es insostenible y que ha llegado a su fin.  Necesitamos “aprender desde otras experiencias del mundo”.

De este modo el reto consiste en plantear una política y una economía que permitan ampliar el presente superando la disociación entre individuo y comunidad; naturaleza y sociedad, e inmanencia y trascendencia.

“Para hacernos rebeldes, necesitamos de las epistemologías del sur” – Boaventura de Sousa Santos

cooperación, Derechos Humanos, globalización, responsabilidad social

volemos globos de cantoya

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La primera vez que volé un globo de cantoya fue al final de un festival de Derechos Humanos en el que participé; la segunda, era una fiesta de despedida de solterx; y la tercera, en fin de año.

Les tres tuvieron lo mismo en común: se trataba del clímax de la noche, el momento en que lxs asistentes nos reunimos para elevar nuestros deseos, unir nuestros corazones, divertirnos y pintar el cielo de colores.  ¡Qué emoción cuando los globos van elevándose!  ¿cuál llegará más alto? ¿todavía lo alcanzas a ver? Sí, mira; va por allá!  Uy, casi se atora en el árbol! … 10 minutos después, quizá 20, ya no lo veo.  Bueno, estuvo padre.

No tengo idea de dónde cayeron los globos.  No sé si llegaron a un lugar donde alguien pudiera recogerlo y tirarlo a la basura.  O si cayó en campo abierto y todavía está ahí, con mis sueños y buenos deseos abandonados.  Tal vez se incendió en el trayecto, y quizá entonces incendió lo que estuviera a su paso.  O su estructura de alambre se atoró en una alcantarilla, provocando que la basura forme un atasco.  La verdad, no sé a dónde fueron a parar.  Pero no importa, estuvo padre.

En las tres ocasiones, alguien más compró los globos, ahorrándome la pena de ir por ellos. No sé dónde los compraron, ni cuánto costaron.  Pero en al menos una ocasión, tenían un papelito que decía: hecho en China.   Desconozco si en realidad vienen de China, recorriendo 12,459 kilómetros (distancia entre Beijing y la Ciudad de México según Google); no sé si hay una fábrica muy mona de globos de cantoya donde se pague justamente a lxs trabajadorxs o si cientos/miles de niñas y niños en situación de trabajo forzoso armaron mi globo.  En realidad no tengo idea de si la tinta con la que pintan el papel fue extraída en procesos ecoamigables, o si son sustancias tóxicas para quien la extrae, la utiliza, y para el ambiente donde se desecha.
La verdad es que mi información respecto al origen de los globos es nula. Pero no importa, estuvo padre.

En este punto, mi cabeza y corazón pueden tomar una de dos rutas.  La primera sería decir: “no exageres; si piensas así, no harías nada porque todo tiene un impacto, y entonces no compraríamos nada ni podríamos disfrutar de nada.”  Y seguir adelante gozando un momento de 10 minutos de caducidad.

En esta primera ruta está instalada nuestra cultura occidental/posmoderna/global.  No importa el impacto de mis acciones.  Yo debo gozar al máximo; el máximo placer con el mínimo dolor.  En esta manera tan nuestra de actuar hoy, se conjugan el individualismo, el hedonismo, el consumismo, lo superficial… Pero no importa, estuvo padre.

 

La otra ruta posible, es la que entiende que toda acción o inacción mía, tiene impactos.  Y que el alcance de éstos llega hasta límites que no puedo visualizar.  Y por lo tanto, debo tratar de minimizar lo negativo de ellos, incrementar los impactos positivos, y tratar de compensar por los negativos.
Esta segunda ruta conjuga el respeto de los Derechos Humanos, el cuidado del medio ambiente, la economía solidaria, la cooperación y el reconocimiento de que más allá de mí, hay otras siete mil millones de personas igualmente valiosas.

 

No es pequeña cosa.   Necesitamos abrirnos a una mentalidad universal, más integradora, más consciente, más fraterna, más humana.

 

 

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Un video cambió mi vida

El modelo económico neoliberal, que hemos establecido, viene incrementando exponencialmente el número de personas que viven en situaciones de marginación y exclusión, y esto nos ha impuesto un modo de vida en el que los pobres se convierten en prescindibles; en sus personas (y obviamente en sus derechos), pero contradictoriamente no en la economía que generan.

Así, el mundo hoy vive una de las mayores crisis en materia de Derechos Humanos, no focalizada en una sola región, sino que se encuentra presente en todas las regiones del mundo.  Se trata del fenómeno de la migración internacional, a la que millones de personas se ven forzadas, ya sea por la violencia o las condiciones de pobreza y marginación en que viven.

“El fenómeno migratorio global está generando un proceso geopolítico desde las reglas de la sobrevivencia de los más vulnerables.  Los empobrecidos, los excluidos, las víctimas por la globalización reconstruyen una serie de redes sociales y culturales que reestructuran el orden mundial establecido.  Es cierto que no es el orden hegemónico o el dominante pero nadie puede dudar que su acción social impacta en la realidad global actual, de manera que en estos momentos la migración es una pieza clave en el ajedrez mundial.” (Ortiz Cotte, 2015, pág. 18)

Es el ejemplo de lo que Boaventura de Sousa Santos llama globalización contrahegemónica.  La migración nos está llevando a pensar y replantear cuestiones básicas de convivencia humana como: el respeto a la diferencia, la empatía, la solidaridad internacional, la acogida, y lo que podríamos llamar ‘los derechos del primogénito’.  Muchos habitantes de países receptores han planteado la interrogante de por qué ayudar a quienes son ‘ajenos’, mientras los nacionales padecen también marginación, o están en riesgo de perder sus privilegios y estilo de vida con el arribo de extranjeros.

Algunos más, adoptan una postura en la que consideran que la migración es una amenaza para la soberanía nacional o incluso para la identidad nacionalista.  Esto ha puesto en la reflexión el tema de los Derechos Humanos, en particular los Económicos, Sociales y Culturales, en el contexto del Derechos Internacional.

¿Por qué es más fácil que exista una regulación (muy recientemente firmada) para el comercio de armas en el mundo, que una regulación migratoria? ¿Qué papel pueden jugar las ONG’s internacionales en la defensa de los Derechos de los migrantes?

Alejandro Solalinde (sacerdote católico, fundador del Albergue Hermanos en el Camino) insiste en mencionar que las y los migrantes son una oportunidad de enriquecimiento de la propia vida, de esperanza para el mundo.   Junto con él, muchas personas y organizaciones en el mundo están inventando otro modo de globalización “en una lucha global contra todas las formas de opresión ocasionadas o intensificadas por la globalización neoliberal”. (De Sousa Santos, 2007, pág. 43)

¿Por qué nos es tan difícil comprender y aceptar que la pobreza no es una decisión, sino una condición impuesta; que todas y todos tenemos derecho a buscar condiciones de vida digna?  Hoy en Europa mucha gente está escandalizada o francamente encabronada por el número de refugiados que están llegando a sus países.  ¿De qué se quejan, si la riqueza europea tiene su origen en el despojo que estas naciones han perpetrado sistemáticamente en África, Asia, América y Oceanía?  Al final, tarde o temprano, se les iba a exigir la reparación del daño.

Afortunadamente, esta globalización contrahegemónica nos permitido internacionalizar la solidaridad, ensanchar nuestros abrazos, vaciar y llenar nuestro corazón.

Quizá ser en mínima medida, un poquito Patrona.

BIBLIOGRAFÍA

Amnistía Internacional. (2010). Víctimas Invisibles. Migrantes en Movimiento en México. Londres: EDAI.

De Sousa Santos, B. (2007). Más allá de la gobernanza neoliberal. El foro social mundial como legalidad y política cosmopolitas subalternas. En El Derecho y la Globalización desde abajo. Hacia una legalidad cosmopolita (págs. 31-60). México, DF: Anthropos.

Ortiz Cotte, J. A. (2015). Cristo Indocumentado. Narrativa Teológica del Fenómeno Migratorio. Guadalajara: ITESO.

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Un manazo a tiempo…

Como educadores y como adultos, estamos quedando a deber a la generación actual.  Y mucho.

No sabemos educarlos bajo las nuevas necesidades; no reconocemos que estamos en un cambio de época; seguimos regresando al pasado; pero sobretodo, no sabemos establecer límites.

Apenas este fin de semana una persona muy cercana, quien trabaja en una preparatoria particular en el DF, se quejaba de cómo sus alumnas prácticamente tienen permitido hacer y dejar de hacer lo que quieren (entregar justificantes por cualquier tipo de motivos, entregar tareas y trabajos posfechados, exigir modificaciones de calificación, etc. ) porque las coordinadoras consienten ante todas sus exigencias.  Y las coordinadoras, a su vez, lo permiten porque son presionadas por directivos, cuya justificación más grande es mantener una matrícula que se ve amenazada por la competencia en el ‘mercado’ educativo, así como por la situación económica.

Hoy, en la Universidad donde trabajo, un alumno agredió físicamente a un profesor que le hacía retroalimentación sobre un trabajo que evidentemente no era autógrafo del alumno (como había sido la instrucción).

Recuerdo que hace varios años, dando clases yo en la preparatoria que se dice la mejor de la región, escuché ruidos muy fuertes en el baño.  Salí del salón y al entrar al baño dos alumnos estaban vandalizando las despachadoras de jabón.  Lo reporté al director.  No pasó nada.  No hubo consecuencia alguna para los alumnos.   Al poco tiempo, renuncié a esa preparatoria.

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La cantidad de literatura sobre la cuestión de los límites, los hijos tiranos, la falta de resiliencia de niños y adolescentes, la importancia de establecer reglas, la disciplina con dignidad, es casi directamente proporcional a la cantidad de niños y adolescentes medicados bajo el pretexto del TDA, en terapias que duran años, con tutores académicos en horario extraescolar, o con depresión.

No es necesario hablar también de los niveles de violencia que tenemos en nuestro mundo.

Algo no estamos haciendo bien como educadores.  Eso es claro.

José Ma Esteve, en su libro La Tercera Revolución Educativa, define muy bien este tipo de educación, bajo el modelo del libre desarrollo, en el que la premisa fundamental es la libertad del educando en la adquisición de conocimientos, mismos que deben ir acorde a su desarrollo natural.  En este modelo, el alumno desarrolla su propio sistema de creencias y conciencia moral, sin ninguna estructura ni seguimiento por parte del adulto.

A mí me aterra pensar que la generación actual se nos está saliendo del huacal porque no nos atrevemos a decir ‘no’.

Soy un convencido del respeto a la dignidad de la persona.  Activista y medio estudioso de derechos humanos.  He estudiado las nuevas teorías del desarrollo humano y su impacto en la educación.  Y aún así, sigo creyendo que un manazo a tiempo, siempre será mejor que vivir con adultos que nunca superaron la adolescencia, o que ni pasaron por ella.

En contraparte, Esteve propone el modelo de la educación como iniciación, en la que se asume que la meta última de la educación es formar hombres y mujeres capaces de vivir su propia vida y que esto consiste básicamente en lograr la autonomía.  Por esta razón se le considera como el modelo adecuado para una sociedad pluralista y democrática.  En él, el educador se preocupa por crear los ambientes educativos basados en su experiencia personal: es a través de mostrar lo mejor de la experiencia humana y personal que el alumno podrá hacer suyos los conocimientos y valores que se puedan transmitir.  Desde el aporte de este autor, no es necesario establecer ningún sistema filosófico o postular alguna teoría científica para comprender que la violencia, la intolerancia y la crueldad destruyen la vida humana.  Basta recurrir a la memoria y a nuestras reflexiones para comprender lo que da calidad a la vida humana.

Este modelo quizá pueda ser objetado, profundizado, estudiado, ampliado, o sustituido.

Pero de que un manazo a tiempo es necesario, lo es.

educación social, sociedad educadora

La Educación Social como apuesta para la reconstrucción del tejido social

Todas las personas tienen derecho a la educación.

La educación debe estar encaminada

al total desarrollo de la personalidad humana

y al fortalecimiento del respeto a los derechos humanos

y las libertades fundamentales.

Deberá promover el entendimiento, la tolerancia

y la amistad entre las naciones,

las razas y los grupos religiosos,

y deberá apoyar las actividades de las Naciones Unidas

para mantener la paz.

Declaración Universal de los Derechos Humanos

Art. 26

De acuerdo con el artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la educación se entiende como un proceso que abarca esferas mucho más amplias que el ámbito estrictamente escolar.  Según estos principios se entiende por educación toda acción que coadyuve con la realización plena del individuo como tal y como parte de un entramado social.

La cuestión de la educación social radica en que estas estructuras sociales pueden servir a la realización de la persona y al bienestar de la sociedad o pueden ser un impedimento y un obstáculo.  Por tanto, pueden ser éticamente buenas o malas para la realización íntegra de la persona y de la sociedad.  Por una parte puede decirse que las estructuras sociales en su objetividad tienen una dimensión ética en cuanto pueden producir a nivel económico, político, social e ideológico relaciones justas o injustas entre los miembros de la sociedad.

Esmeralda Ponce afirma que “la educación pública por sí sola no puede resolver los problemas de empleo, vivienda y nutrición”. A esta afirmación yo añadiría que, consciente o inconscientemente, nuestro sistema de educación pública está manipulado en gran parte por los dirigentes de la cultura tecnológica y por el consumismo, básicamente para el proceso de producción y de consumo.  Se forma al homo faber (hombre que hace) en detrimento del homo sapiens (hombre pensante), la persona que sabe discernir y amar.

La revolución industrial creó una gran riqueza, potenció el impacto del capitalismo en la sociedad y dio origen a dos nuevas clases sociales: los dueños del capital y la clase obrera, surgieron las metrópolis. El desarrollo científico y tecnológico de esta época trajo consigo la expectativa de un progreso ilimitado. Por su parte, la revolución democrática rechazó la tradicional estructura jerárquica, promovió los ideales de libertad e igualdad y la participación social, dando lugar a la concepción del Estado moderno.

Todo esto se asentaba sobre la máxima de los filósofos ilustrados: la razón como único medio capaz de proporcionar al hombre su propia liberación (“saber es poder”), y la lucha por su autonomía.  Bajo esta perspectiva que dominó hasta al menos la primera mitad del s. XX, la educación se encontraba al servicio de la tecnología y la ciencia.

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Durante el desarrollo del s. XX el paradigma de la sociedad del bienestar acentúa la problemática al establecer como criterio último de toda actividad humana la economía.  Como dice Petrus (1997 9-39) la “lógica del intercambio” se ha superpuesto incluso a la “lógica ética”.

Entonces, en una sociedad pluralista y manipuladora, una de las metas más importantes de la educación debe consistir en desarrollar el sentido crítico: tiene que haber una educación para el discernimiento.  Éste es el papel del educador social.  Aunque a veces, por la urgencia de una realidad interpelante, su papel sea el de un subsidiario.  Este punto lo explicaré más adelante.

La propuesta de la Educación Social

Todas las disciplinas se definen, en gran medida, a partir de lo que ha sido su historia.  Sin embargo, la educación social es un desarrollo reciente, del cual incluso en la oferta académica de las universidades se tiene dificultad en el acuerdo sobre lo que se ofrece y define como tal.

Por tanto, la educación social se define más por lo que es en la actualidad que por algunos postulados teóricos.  ¿Y qué debemos entender entonces por educación social?, ¿cuál es la labor propia y el campo de acción del educador social?, y ¿existe alguna formación específica para este oficio?

Partamos primero del hecho de que hemos creado un sistema que deja fuera a un gran número de seres humanos del alcance de las herramientas que les realicen plenamente.  No podemos cerrar los ojos ante los altos índices de marginación que por diversas razones hacemos de grupos enteros de personas, y de los cuales podríamos formar parte eventualmente.

La labor del educador social asume a los grupos marginados como parte de su propio proceso de educación (entendiéndola como le he definido desde el principio).  No es un laboratorio donde se ve crecer a los seres en cuestión, ni donde se experimenta con nuevos procesos.  Es una relación profundamente humana de sujeto que facilita a sujeto que se construye a sí mismo.

Desde el comienzo de su vida los niños dependen en grado extremo de los cuidados de los padres.  Sin embargo, una educación con carácter social debe ir capacitando gradualmente a los seres humanos para alcanzar una personalidad propia con creciente libertad e independencia.  En realidad no todos los métodos de instrucción promueven una maduración plenamente humana.  La maduración incluye sobre todo discernimiento, sentido de la dignidad, conciencia de la libertad y motivación.  No hay educación verdaderamente humana donde no hay constante crecimiento de las convicciones morales.  El hombre está entonces ante un nuevo mundo, el de las posibilidades y no ya sólo el de los límites.  Asume una actitud crítica, superando ‘lo dado’ a partir de una nueva forma de ver y asumir la realidad.

A veces la educación social se ha concebido como un proceso que capacita al individuo para su posterior inserción en la sociedad, ya sea proveyéndole de las habilidades necesarias para enfrentarse a un mundo que le es hostil, o ya sea remediando los errores que han alejado a este individuo de la sociedad.  Sin embargo estas concepciones no abarcan la totalidad del ámbito de la educación social.

La labor del educador social, como dice Petrus, apunta necesariamente por “la conformación de un contexto social más justo. (…) No olvidemos que una de las funciones de la educación social es, además de dar respuesta a las necesidades existentes, crear conciencia acerca de cuáles son los derechos sociales del ciudadano, de todos los ciudadanos, y generar nuevas demandas de educación social.  Sólo a partir de una visión crítica de la educación social evitaremos que de la convivencia obtengan mucho más provecho unos que otros, y que ese desequilibrio genere, precisamente, un sector de población marginada”.

Por último, dado que la educación social se enfoca a distintos aspectos de la realidad, y dado que ésta es siempre cambiante, y que es importante asumirla como tal, las competencias y la formación del educador social varían dependiendo del medio en el que desarrolle su acción o incluso del programa institucional a implementar.  Entonces, una de las características del educador social es la capacidad que debe tener éste de analizar las potencialidades de los sujetos o grupos sociales en los que quiere incidir para poder hacer propuestas realistas.

En resumen, la educación social “ayudará a hacer realidad la utopía de la cohesión social”, entendiendo la diferencia entre ‘lo que es’ y lo que puede ‘llegar a ser’ esta realidad.  Es necesario que el educador social asuma una actitud de transformación de lo existente fundado en un horizonte de cambio.  La proyección a futuro sólo es pensable si se tiene una concepción dinámica (evolutiva) de la realidad.  El estatismo anula toda posibilidad de cambio.  Aquí se define a la realidad no como la totalidad de lo existente, sino como lo que aún puede ser.

La educación social será una tarea de toda la vida.  Tiene exigencias individuales y comunitarias.  Es despertar seres capaces de vivir y comprometerse como personas.  Preparar progresivamente a la persona para usar de su libertad y de sus responsabilidades.  Consiste en lograr una construcción armónica de la persona, engloba todos sus aspectos: humanos y espirituales, individuales y sociales, la inteligencia y la voluntad, las virtudes, la dimensión moral, el físico.  Incluye conciencia de sí, de los valores y capacitación para adoptar opciones responsables.

Se debe provocar en el hombre el encuentro con la comunidad, puesto que es por naturaleza social, de los demás recibe todo y a ellos da todo de sí.

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Derechos Humanos

¿y éste, de dónde se aventó con la bandera?

Hace poco estuve en el Castillo de Chapultepec, haciéndola de guía de turista.  Y mi turista, insistía en saber de ¿dónde se había aventado el ‘Niño Héroe’ con la bandera y dónde cayeron los demás?

Por mi parte, yo no dejaba de sentir una vibra especial en el Alcázar, una vibra llena de dolor, de rabia, de indignación… y quizá de esperanza.
Recordaba y leía todos los episodios de la Historia Nacional que se han sucedido en ese espacio.
Recordaba las imágenes que vi en los medios sobre el encuentro entre Javier Sicilia, las madres y los padres de las víctimas, y los personajes más emblemáticos de nuestra historia reciente en materia de violación a los Derechos Humanos: Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

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Y pensaba ¿cuánto más hay que luchar para tener condiciones de vida digna para todas y todos? ¿cuántos ‘niños héroes’ más necesitamos? ¿cuándo en este País podremos dejar de llorar por nuestrxs despararecidxs?

Luego entendí, quizá con algo de resignación, que la lucha es para siempre.  Que seguramente no le veremos final.  Y que esa misma lucha es la que dignifica y da sentido a nuestra vida.

¿A qué me refiero con esto?  Me permito explicarlo mediante un ejemplo histórico.
La Constitución de Estados Unidos de América, de 1787, establece en su primer párrafo: “NOSOTROS, el Pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer JUSTICIA, afirmar la tranquilidad interior, proveer la Defensa común, promover el BIENESTAR GENERAL y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la LIBERTAD, estatuimos y sancionamos esta Constitución para los Estados Unidos de América.”

En principio, parece el establecimiento de un orden jurídico que tiene como base la igualdad y la libertad.  ¿Pero qué se entendió por NOSOTROS, BIENESTAR GENERAL y LIBERTAD?  ¿Realmente desde su fundación como Nación Estados Unidos promovió la libertad y la igualdad? ¿Podemos afirmar entonces, que estos valores fundantes de los Derechos Humanos fueron llevados a la práctica por estar definidos en la Constitución?  De esta forma entonces, podríamos afirmar que los Derechos Humanos se establecen, reconocen y vivencian cuando quedan definidos por los gobernantes?  Desafortunadamente, no.

Casi doscientos años después, en Estados Unidos estaban vigentes la Leyes de Segregación Racial, promulgadas entre 1876 y 1965, las cuales establecían el principio “iguales pero separados”, que en la práctica significaba que los ciudadanos tenían espacios públicos diferenciados dependiendo de su tono de piel y del origen étnico.

En escuelas, piscinas y transporte público, por ejemplo, los afrodescendientes no podían compartir el espacio con los ‘ciudadanos blancos’.

Así, en 1955, una mujer afrodescendiente, Rosa Parks, se negó a obedecer al chofer de un autobús, quien le indicaba que debía moverse a la parte trasera del mismo para cederle el lugar a una persona blanca.  La negativa de Rosa Parks le llevó a la cárcel.  Esto detonó, según los historiadores, en el movimiento por los derechos civiles encabezado por Martin Luther King.

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Fue gracias al movimiento encabezado por Luther King (entre 1955 y 1968), que finalmente en Estados Unidos las cosas empezaron a cambiar.  Este movimiento noviolento no fue sencillo; hubieron muchas represiones, encarcelamientos y muertes.  El momento más significativo, fue la marcha que cientos de miles de personas afrodescendientes hicieron hacia Washington, DC, a los pies del monumento a Lincon, del cual aún se recuerda el discurso de Luther King I have a dream.[1]

Finalmente, gracias a la presión el entonces Presidente Kennedy trabajó para que el Congreso aprobara las leyes antisegregacionistas.   Gracias a esto, fue asesinado en 1963, cinco años antes que Martin Luther King.

Tras la muerte de Kennedy, el Presidente Lyndon Jonhson impulsó la agenda legislativa de Kennedy, y las cosas empezaron a cambiar.

Hoy día, las cosas son diferentes en Estados Unidos.  Sin embargo, la batalla no se ha ganado por completo.  Movimientos de odio, de purificación racial, neonazis siguen presentes en la vida diaria de aquel País.

Por ejemplo, en los últimos meses hemos visto en las noticias cómo elementos de la policía en diferentes ciudades de EU, han asesinado a personas afrodescendientes e hispanos, quienes se encontraban desarmados o ya sometidos, lo que ha desatado nuevas protestas por todo el País, trayendo el eco de la marcha de 1963 en Washington.  De hecho, el Presidente Obama ofreció un discurso a propósito de los disturbios sucedidos en Baltimore por esta causa.[2]

¿Cómo entender que el Presidente de Estados Unidos sea afrodescendiente y que por otro lado, se sigan presentando estos ejemplos de discriminación racial?

Uno de los momentos importantes del  discurso de Obama, fue cuando invitó a los norteamericanos: “como País, debemos hacer un examen de conciencia”.  No basta con saber quiénes fueron los agresores, ni qué causas inmediatas les llevaron a asesinar.  No es basta incluso, con aplicarles una sanción.  Lo importante es entender qué circunstancias sociales les llevaron a tomar una decisión así (Todorov, 2009).

La respuesta, creo, se encuentra en el hecho de que el reconocimiento de los Derechos Humanos  es un asunto aún no terminado.  No basta con que esté escrito en la Constitución.  No basta con la buena intención de algún gobernante.  No basta con que se escriban textos sobre el tema.  Los avances se traducen en conquistas.  Los cambios se han dado en la medida en que los grupos vulnerables se han empoderado y han establecido límites.  Las legislaciones de los países, y el derecho internacional han incluido la perspectiva de los DH en respuesta a las protestas y luchas de quienes no tienen las condiciones mínimas para vivir dignamente.

Y la lucha sigue.
Y seguiremos necesitando de alguien que se aviente con la bandera.
Quizá me toque a mí, o a ti.

Y si mi vida realmente habrá tenido sentido, en un futuro alguien preguntará:

¿y éste, de dónde se aventó con la bandera?

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[1] Se puede ver el discurso completo en https://www.youtube.com/watch?v=smEqnnklfYs y su versión estenográfica en http://www.archives.gov/press/exhibits/dream-speech.pdf
Es interesante ver el número de ‘likes’ y ‘dislikes’ que tiene el video.  Por supuesto que se trata de una interpretación forzada, pues no tenemos más elementos, pero vale la pena preguntarse si todos los ‘dislikes’ representarán o no, una postura racista.

[2] Vale también la pena ver este video y notar cómo el Presidente reconoce que la discriminación racial es un problema que aún está presente en aquel País.  https://www.youtube.com/watch?v=vfA7EV-SrpE