colaboración, cooperación, sistema económico

Romero, San Romero de América

El pasado 7 de marzo se anunció la canonización de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, San Romero de América.

Me parece que la cononización de Monseñor Romero no es sólo el reconocimiento a un ser humano extraordinario, sino también es la denuncia a un sistema social injusto, inhumano e insostenible.

Sistema del que podemos rastrear parte de sus orígenes hasta el siglo XVII con dos filósofos reconocidos: Francis Bacon quien expresó la frase que marcó la dinámica de la Modernidad: “saber es poder”.  Esto quiere decir, que si sabemos cómo transformar el entorno, podemos hacerlo.  Que entre más tengamos conocimiento del mundo, más tendremos la capacidad de explotarlo y beneficiarnos de él.

Por su parte, Descartes proponía la disociación entre mundo material (res extensa) y mundo intelectual (res cogitans).  La idea de que la mente es superior a la materia, y que por lo tanto, el mundo material está al servicio del intelectual.

Gracias a estas dos ideas, toda la Modernidad diseñó un sistema social, económico y de de relación con la naturaleza caracterizado por la dominación.

Este sistema es insostenible. Prefiere morir que disminuir sus ganancias y cambiar de rumbo en la forma en que se relaciona con la sociedad.  Es necesario que diseñemos una alternativa al paradigma común actual: estar encima de las cosas, con el puño cerrado, dominándolas.

La propuesta es crear un paradigma que está al lado de las cosas, cuidando, una mano que se extiende para una alianza.  Estoy aquí hablando de la ética del cuidado, que propone Leonardo Boff.

Estamos frente a un momento crítico, de cara al futuro:

  • Formar una alianza global para cuidar la tierra y a unos y otros
  • Arriesgar nuestra tierra y la destrucción de la biodiversidad.

O nos cuidamos unos y otros, o morimos.

Tenemos que alimentar una pasión por el cuidado del mundo, pues el sistema actual es insostenible.  El problema es que los intereses individuales son más altos que los intereses globales porque en nuestra cultura no hay tradición de colaboración.

Es una relación nueva con las cosas, especialmente para con la madre tierra que implica una triple dimensión:

  • Ética – es una práctica, un tipo de relación
  • Política- porque implica cuidar la casa común
  • Cambio de paradigma – conjunto de valores, principios, relaciones que puede fundar la base de otro tipo de civilización, orienta la totalidad de la vida social.

 

Y todo esto, no porque se nos ocurra, sino porque los humanos nacemos para la humanidad. Para construirnos.  Llegar a ser humano es un arte que se aprende. Lo propio del ser humano no es sólo el aprender, sino aprender de OTROS seres humanos.

La persona es un ser relacional que siempre proviene de otros y está en camino hacia otros. La dignidad de la persona sólo puede ser entendida como el producto de una serie de interrelaciones: tiene que ver con los derechos y las exigencias de una persona respecto a la conducta de otras personas hacia ella.

“La persona se nos aparece entonces como una presencia dirigida hacia el mundo y las otras personas… ella no existe sino hacia los otros, no se conoce sino por los otros, no se encuentra sino en los otros”.  Emmanuel Mounier

 

Nos hacemos personas con las personas.

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Nos parece que debemos cambiar el discurso,  que la única forma de entrar en una relación dialéctica yo-tú, es salir del individualismo en el que nuestro sistema nos tiene inmersos. Superar el paradigma competitivo y entender que el único modo de relación sano posible es la cooperación.

Es claro en este planteamiento una postura fundamentalmente humanista, en la que superando las barreras de mi yo, soy capaz de ir al encuentro del otro, abrirme a él, y por lo mismo entablar una dinámica social distinta.

El oxímoron evangélico: dar la vida para ganarla.  Entregarme completamente al otro, para ser completamente yo.

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¿Más allá del bien y del mal? No.

Jueves.  15 minutos antes de la hora de clase.
Camino hacia el salón con el miedo de regresar al grupo.  ¿Cómo voy a abordar el tema? ¿qué les digo? ¿por dónde empiezo?  Pero lo más importante, ¿cómo lo van a tomar? ¿cómo va ELLA a reaccionar?

Nunca me ha resultado fácil reconocer mis errores; menos en ciertos aspectos profesionales.

El martes exploté.  Reaccioné de la forma más visceral.  Me enganché, me enojé, grité, azoté la puerta, no escuché.  En fin, que no fui el “adulto maduro comprometido con la formación humana de sus alumnos”.
Me traicioné y les traicioné.

Tengo ya mucho tiempo sintiéndome “más allá del bien y del mal” como docente y como facilitador.  Lo que pasó el martes, fue una cachetada de realidad.
Me sentí como adicto en recuperación, que de pronto, sin aviso, se emborracha.  Porque, siguiendo la analogía, no es que me haya tomado una cerveza.  No, lo que pasó el martes fue que me puse una megapeda.

Total, llego al salón, terminando de armar en mi cabeza la primera frase de mi disculpa, y mi contraparte del conflicto se adelanta y restablece el diálogo.  Mi miedo se acaba, y lo único que quiero es ir a abrazarla.  Me tengo que contener para esperar a que termine de hablar, y después decir algo yo.

Confirmo que no hay otra forma de ser persona, más que con las personas.  Son lxs otrxs quienes nos humanizan, quienes muestran en qué nos equivocamos y nos muestran cómo no volvernos a equivocar.  Son ellxs quienes me hacen humano.

No hay ningún rollo teórico en esta entrada, ni ninguna consigna de activista.  Sólo el reconocimiento humilde de que no soy tan fregón como creo.  De que para ser quien quiero ser (quien digo ser), debo de estar alerta, todos los días, todo el día.  Atento a mis reacciones, a mis emociones, a mis pasiones y pulsiones.

Y sobretodo, agradecido porque siempre hay alguien que me demuestra que no estoy “más allá del bien y del mal”.

 

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Derechos Humanos, Sin categoría

El sistemático ataque a las normales rurales como doctrina del shock

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“El primer acto de resistencia es impedir que nos borren la memoria colectiva”

 

 

Estamos por cumplir 3 años de la terrible noche de Iguala.

Mi corazón se duele al recordar; al pensar que el tema ya no es tema.  Al traer a mi mente las palabras de mucha gente que expresaban, sin mayor remordimiento o reflexión, con la contundencia que da el saberse poseedoras/es de la verdad: “qué hacían en Iguala; no son estudiantes si se robaron un camión; seguro andaban metidos en algo; las normales son semillero de guerrilleros; no fue el Estado; la violencia no es generalizada ni sistemática”.

Se lee en las pintas, carteles y consignas de los normalistas que “mientras la pobreza exista, las normales rurales tendrán razón de existir”.  Y el tema no es por una cuestión asistencialista.  Todo lo contrario. Las normales rurales producen en quienes ahí estudian, la conciencia de las estructuras que les manipulan y oprimen, logrando detonar en sus egresados el desarrollo de conocimientos y habilidades encaminados a la resistencia y la transformación social.

Razón por la cual los aparatos del sistema enfocan su fuerza en desaparecer a las normales rurales, por su capacidad de resistir y crear conciencia sobre la marginación y exclusión de que son objeto millones de personas en nuestro País.

En 2005, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, publicó el informe documental Migrar o Morir (https://www.youtube.com/watch?v=WLI5eRZNkmw&t=429s), que relata la dramática situación de los jornaleros agrícolas migrantes.  Por coincidencia, pero evidentemente no es una coincidencia, el documental centra su atención en el caso de los jornaleros que viajan de Ayotzinapa a Sinaloa.  Las condiciones en que vive (sobrevive en realidad) la comunidad de Ayotinapa son de una total exclusión y marginación.  No es de extrañarse que la Normal Rural Isidro Burgos intente proveer a sus estudiantes de herramientas cognitivas y operacionales para transformar la realidad.  Y por lo mismo, no es coincidencia que el sistema neoliberal intente aniquilar a toda costa cualquier intento de modificación del status quo.

El ataque sistemático a las normales rurales, a los pueblos indígenas, a la medicina tradicional, a las parteras, la autodeterminación de los pueblos, son muestra de la implantación de un único modelo de sociedad, de economía y de persona, que no respetan la dignidad de la persona, ni la diversidad, ni son incluyentes.

La forma como en México se busca negar toda realidad que no coincida con el patrón eurocéntrico me hace pensar en la manera en que se realiza lo que Naomi Klein llama la doctrina del shock.

 

Posterior a la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el poder hegemónico, a través de todos sus medios, buscó deslegitimizar la protesta.  Ya fuera por medio de infiltrados en las marchas, o buscando centralizar el problema de los 43 en un asunto focalizado en un grupo criminal.  Como fuera, la construcción de la verdad histórica se traduce en: “ya dejen de quejarse y pónganse a trabajar”…que este sistema no se mantiene solo.

epistemología, globalización, responsabilidad social, Sin categoría

¿Cómo conocemos? ¿Desde dónde conocemos? ¿Para qué queremos conocer?

 

 

En su encíclica Laudato Si, el Papa Francisco es claro al señalar cómo los efectos del cambio climático impactan de manera mucho más dramática sobre las personas marginadas.

Justamente como está sucediendo hoy con el huracán Harvey.  La atención de las noticias y los medios de comunicación se centra en la ciudad de Houston, donde efectivamente las afectaciones del huracán ascienden a 34,575 personas que se han visto obligadas a dejar sus casas y que ahora viven en 239 instalaciones en el Estado de Texas según informes del Departamento de Seguridad Pública de Texas, y a 47 el número de muertes relacionadas con la tormenta que se han confirmado hasta la fecha.

Mientras que en las mismas semanas, sólo en Bangladesh 8.6 millones de personas han sido afectadas y más de 750,000 casas han sido destruidas o dañadas.  Los cálculos de la ONU y de diferentes organizaciones sitúan el número de personas golpeadas por las inundaciones entre 16 y 41 millones en todo el sudeste asiático.

¿Qué hace de 34,000 personas de Houston motivo de atención mundial cuando en promedio, 34 millones de personas son afectadas por las inundaciones al mismo tiempo?

Esta es sin duda la señal de una estructura que supone negar los más elementales derechos humanos a millares de individuos.  Hoy nuestra sociedad decide invisibilizar a millones de personas.  La decisión que tomamos de no mirar, o qué mirar es la marca más visible de los procesos de exclusión de nuestra época, misma que parece haber perdido su capacidad de asombrarnos.

 

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¿Cómo conocemos? ¿Desde dónde conocemos? ¿Para qué queremos conocer?
Nuestra mirada siempre es selectiva e intencional.  No es casual que decidamos mirar unas afectaciones, mientras otras pasan desapercibidas.  No es casual que nos resulte cotidiano escuchar de atentados, muertos y guerra en Oriente Medio, pero que haciendo el ejercicio al revés (Galeano), nos horroricemos y automáticamente ante tales actos, y busquemos pequeños gestos de solidaridad, poco efectiva, efímera y a veces hasta insípida, pero al menos hay una reacción (París, Barcelona, Bruselas, etc).

 

 

Para Boaventura de Sousa Santos es fundamental que establezcamos una nueva epistemología que nos permita reconocer los procesos de dominación y marginación, y de esta manera poder repensar nuestro modo de ser humanos y de ser sociedad.  Dicha epistemología se descolonializa del norte (no geográfico, sino político, social y económico), y recupera los conocimientos y modos de abordar la realidad desde el sur.

Un conocimiento contextualizado sin pretensiones universalistas, permitiría resolver los problemas de la realidad de manera mucho más humana, fraterna y solidaria.  Vivir de este modo el conocimiento, nos permite acercarnos a la diversidad como celebración de la riqueza de la humanidad.  Lo que necesitamos entonces, en términos epistemológicos, es integrar los distintos saberes, mismos que valen de acuerdo a la pragmática de la vida.  De Sousa Santos llama a esto, ecología de saberes: la integración humana y humanizante del conocimiento.

El actual paradigma eurocéntrico está en crisis; los sistemas políticos, ideológicos, culturales, económicos, religiosos, etc., se encuentran al borde de su posibilidad.  Y conforme se acercan a su fin, quienes se encuentran en mayor situación de vulnerabilidad sufren más las consecuencias.  Por difícil que sea, es necesario reconocer que el capitalismo es insostenible y que ha llegado a su fin.  Necesitamos “aprender desde otras experiencias del mundo”.

De este modo el reto consiste en plantear una política y una economía que permitan ampliar el presente superando la disociación entre individuo y comunidad; naturaleza y sociedad, e inmanencia y trascendencia.

“Para hacernos rebeldes, necesitamos de las epistemologías del sur” – Boaventura de Sousa Santos

cooperación, Derechos Humanos, globalización, responsabilidad social

volemos globos de cantoya

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La primera vez que volé un globo de cantoya fue al final de un festival de Derechos Humanos en el que participé; la segunda, era una fiesta de despedida de solterx; y la tercera, en fin de año.

Les tres tuvieron lo mismo en común: se trataba del clímax de la noche, el momento en que lxs asistentes nos reunimos para elevar nuestros deseos, unir nuestros corazones, divertirnos y pintar el cielo de colores.  ¡Qué emoción cuando los globos van elevándose!  ¿cuál llegará más alto? ¿todavía lo alcanzas a ver? Sí, mira; va por allá!  Uy, casi se atora en el árbol! … 10 minutos después, quizá 20, ya no lo veo.  Bueno, estuvo padre.

No tengo idea de dónde cayeron los globos.  No sé si llegaron a un lugar donde alguien pudiera recogerlo y tirarlo a la basura.  O si cayó en campo abierto y todavía está ahí, con mis sueños y buenos deseos abandonados.  Tal vez se incendió en el trayecto, y quizá entonces incendió lo que estuviera a su paso.  O su estructura de alambre se atoró en una alcantarilla, provocando que la basura forme un atasco.  La verdad, no sé a dónde fueron a parar.  Pero no importa, estuvo padre.

En las tres ocasiones, alguien más compró los globos, ahorrándome la pena de ir por ellos. No sé dónde los compraron, ni cuánto costaron.  Pero en al menos una ocasión, tenían un papelito que decía: hecho en China.   Desconozco si en realidad vienen de China, recorriendo 12,459 kilómetros (distancia entre Beijing y la Ciudad de México según Google); no sé si hay una fábrica muy mona de globos de cantoya donde se pague justamente a lxs trabajadorxs o si cientos/miles de niñas y niños en situación de trabajo forzoso armaron mi globo.  En realidad no tengo idea de si la tinta con la que pintan el papel fue extraída en procesos ecoamigables, o si son sustancias tóxicas para quien la extrae, la utiliza, y para el ambiente donde se desecha.
La verdad es que mi información respecto al origen de los globos es nula. Pero no importa, estuvo padre.

En este punto, mi cabeza y corazón pueden tomar una de dos rutas.  La primera sería decir: “no exageres; si piensas así, no harías nada porque todo tiene un impacto, y entonces no compraríamos nada ni podríamos disfrutar de nada.”  Y seguir adelante gozando un momento de 10 minutos de caducidad.

En esta primera ruta está instalada nuestra cultura occidental/posmoderna/global.  No importa el impacto de mis acciones.  Yo debo gozar al máximo; el máximo placer con el mínimo dolor.  En esta manera tan nuestra de actuar hoy, se conjugan el individualismo, el hedonismo, el consumismo, lo superficial… Pero no importa, estuvo padre.

 

La otra ruta posible, es la que entiende que toda acción o inacción mía, tiene impactos.  Y que el alcance de éstos llega hasta límites que no puedo visualizar.  Y por lo tanto, debo tratar de minimizar lo negativo de ellos, incrementar los impactos positivos, y tratar de compensar por los negativos.
Esta segunda ruta conjuga el respeto de los Derechos Humanos, el cuidado del medio ambiente, la economía solidaria, la cooperación y el reconocimiento de que más allá de mí, hay otras siete mil millones de personas igualmente valiosas.

 

No es pequeña cosa.   Necesitamos abrirnos a una mentalidad universal, más integradora, más consciente, más fraterna, más humana.

 

 

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Un video cambió mi vida

El modelo económico neoliberal, que hemos establecido, viene incrementando exponencialmente el número de personas que viven en situaciones de marginación y exclusión, y esto nos ha impuesto un modo de vida en el que los pobres se convierten en prescindibles; en sus personas (y obviamente en sus derechos), pero contradictoriamente no en la economía que generan.

Así, el mundo hoy vive una de las mayores crisis en materia de Derechos Humanos, no focalizada en una sola región, sino que se encuentra presente en todas las regiones del mundo.  Se trata del fenómeno de la migración internacional, a la que millones de personas se ven forzadas, ya sea por la violencia o las condiciones de pobreza y marginación en que viven.

“El fenómeno migratorio global está generando un proceso geopolítico desde las reglas de la sobrevivencia de los más vulnerables.  Los empobrecidos, los excluidos, las víctimas por la globalización reconstruyen una serie de redes sociales y culturales que reestructuran el orden mundial establecido.  Es cierto que no es el orden hegemónico o el dominante pero nadie puede dudar que su acción social impacta en la realidad global actual, de manera que en estos momentos la migración es una pieza clave en el ajedrez mundial.” (Ortiz Cotte, 2015, pág. 18)

Es el ejemplo de lo que Boaventura de Sousa Santos llama globalización contrahegemónica.  La migración nos está llevando a pensar y replantear cuestiones básicas de convivencia humana como: el respeto a la diferencia, la empatía, la solidaridad internacional, la acogida, y lo que podríamos llamar ‘los derechos del primogénito’.  Muchos habitantes de países receptores han planteado la interrogante de por qué ayudar a quienes son ‘ajenos’, mientras los nacionales padecen también marginación, o están en riesgo de perder sus privilegios y estilo de vida con el arribo de extranjeros.

Algunos más, adoptan una postura en la que consideran que la migración es una amenaza para la soberanía nacional o incluso para la identidad nacionalista.  Esto ha puesto en la reflexión el tema de los Derechos Humanos, en particular los Económicos, Sociales y Culturales, en el contexto del Derechos Internacional.

¿Por qué es más fácil que exista una regulación (muy recientemente firmada) para el comercio de armas en el mundo, que una regulación migratoria? ¿Qué papel pueden jugar las ONG’s internacionales en la defensa de los Derechos de los migrantes?

Alejandro Solalinde (sacerdote católico, fundador del Albergue Hermanos en el Camino) insiste en mencionar que las y los migrantes son una oportunidad de enriquecimiento de la propia vida, de esperanza para el mundo.   Junto con él, muchas personas y organizaciones en el mundo están inventando otro modo de globalización “en una lucha global contra todas las formas de opresión ocasionadas o intensificadas por la globalización neoliberal”. (De Sousa Santos, 2007, pág. 43)

¿Por qué nos es tan difícil comprender y aceptar que la pobreza no es una decisión, sino una condición impuesta; que todas y todos tenemos derecho a buscar condiciones de vida digna?  Hoy en Europa mucha gente está escandalizada o francamente encabronada por el número de refugiados que están llegando a sus países.  ¿De qué se quejan, si la riqueza europea tiene su origen en el despojo que estas naciones han perpetrado sistemáticamente en África, Asia, América y Oceanía?  Al final, tarde o temprano, se les iba a exigir la reparación del daño.

Afortunadamente, esta globalización contrahegemónica nos permitido internacionalizar la solidaridad, ensanchar nuestros abrazos, vaciar y llenar nuestro corazón.

Quizá ser en mínima medida, un poquito Patrona.

BIBLIOGRAFÍA

Amnistía Internacional. (2010). Víctimas Invisibles. Migrantes en Movimiento en México. Londres: EDAI.

De Sousa Santos, B. (2007). Más allá de la gobernanza neoliberal. El foro social mundial como legalidad y política cosmopolitas subalternas. En El Derecho y la Globalización desde abajo. Hacia una legalidad cosmopolita (págs. 31-60). México, DF: Anthropos.

Ortiz Cotte, J. A. (2015). Cristo Indocumentado. Narrativa Teológica del Fenómeno Migratorio. Guadalajara: ITESO.

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Un manazo a tiempo…

Como educadores y como adultos, estamos quedando a deber a la generación actual.  Y mucho.

No sabemos educarlos bajo las nuevas necesidades; no reconocemos que estamos en un cambio de época; seguimos regresando al pasado; pero sobretodo, no sabemos establecer límites.

Apenas este fin de semana una persona muy cercana, quien trabaja en una preparatoria particular en el DF, se quejaba de cómo sus alumnas prácticamente tienen permitido hacer y dejar de hacer lo que quieren (entregar justificantes por cualquier tipo de motivos, entregar tareas y trabajos posfechados, exigir modificaciones de calificación, etc. ) porque las coordinadoras consienten ante todas sus exigencias.  Y las coordinadoras, a su vez, lo permiten porque son presionadas por directivos, cuya justificación más grande es mantener una matrícula que se ve amenazada por la competencia en el ‘mercado’ educativo, así como por la situación económica.

Hoy, en la Universidad donde trabajo, un alumno agredió físicamente a un profesor que le hacía retroalimentación sobre un trabajo que evidentemente no era autógrafo del alumno (como había sido la instrucción).

Recuerdo que hace varios años, dando clases yo en la preparatoria que se dice la mejor de la región, escuché ruidos muy fuertes en el baño.  Salí del salón y al entrar al baño dos alumnos estaban vandalizando las despachadoras de jabón.  Lo reporté al director.  No pasó nada.  No hubo consecuencia alguna para los alumnos.   Al poco tiempo, renuncié a esa preparatoria.

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La cantidad de literatura sobre la cuestión de los límites, los hijos tiranos, la falta de resiliencia de niños y adolescentes, la importancia de establecer reglas, la disciplina con dignidad, es casi directamente proporcional a la cantidad de niños y adolescentes medicados bajo el pretexto del TDA, en terapias que duran años, con tutores académicos en horario extraescolar, o con depresión.

No es necesario hablar también de los niveles de violencia que tenemos en nuestro mundo.

Algo no estamos haciendo bien como educadores.  Eso es claro.

José Ma Esteve, en su libro La Tercera Revolución Educativa, define muy bien este tipo de educación, bajo el modelo del libre desarrollo, en el que la premisa fundamental es la libertad del educando en la adquisición de conocimientos, mismos que deben ir acorde a su desarrollo natural.  En este modelo, el alumno desarrolla su propio sistema de creencias y conciencia moral, sin ninguna estructura ni seguimiento por parte del adulto.

A mí me aterra pensar que la generación actual se nos está saliendo del huacal porque no nos atrevemos a decir ‘no’.

Soy un convencido del respeto a la dignidad de la persona.  Activista y medio estudioso de derechos humanos.  He estudiado las nuevas teorías del desarrollo humano y su impacto en la educación.  Y aún así, sigo creyendo que un manazo a tiempo, siempre será mejor que vivir con adultos que nunca superaron la adolescencia, o que ni pasaron por ella.

En contraparte, Esteve propone el modelo de la educación como iniciación, en la que se asume que la meta última de la educación es formar hombres y mujeres capaces de vivir su propia vida y que esto consiste básicamente en lograr la autonomía.  Por esta razón se le considera como el modelo adecuado para una sociedad pluralista y democrática.  En él, el educador se preocupa por crear los ambientes educativos basados en su experiencia personal: es a través de mostrar lo mejor de la experiencia humana y personal que el alumno podrá hacer suyos los conocimientos y valores que se puedan transmitir.  Desde el aporte de este autor, no es necesario establecer ningún sistema filosófico o postular alguna teoría científica para comprender que la violencia, la intolerancia y la crueldad destruyen la vida humana.  Basta recurrir a la memoria y a nuestras reflexiones para comprender lo que da calidad a la vida humana.

Este modelo quizá pueda ser objetado, profundizado, estudiado, ampliado, o sustituido.

Pero de que un manazo a tiempo es necesario, lo es.